Reproduzco parte de un debate de linked in por su interés. ¿Debe un/a directivo/a controlar sus lágrimas cuando anuncia una dura decisión? Así empezaba el texto que se proponía a debate: La Ministra de Trabajo de Italia se ha emocionado y se ha puesto a llorar cuando explicaba unos duros ajustes. Creo que la sociedad hubiera sido menos tolerante si hubiera llorado un hombre (¿nos imaginamos a Zapatero derrumbándose cuando anunció los recortes en España?). ¿Deben las directivas ocultar la mayor sensibilidad que en general tienen las mujeres o deben imitar la aparente fortaleza emocional de los hombres cuando ocupan puestos de poder (modelo Thatcher)? Acordémonos que Hillary Clinton se vio obligada a justificar un gesto de “debilidad” cuando visualizaba la captura de Osama Bin Laden. Por otra parte, ¿los/as directivos/as debemos mostrar nuestra fortaleza emocional cuando tomamos una decisión impopular como un ajuste de plantilla o, por el contrario, podemos emocionar...
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